Ojos marrones que me hacen volar, labios pequeños, suaves como una cama de algodón y terciopelo que me invitan a pecar, manos tiernas y tersas, transparentes y delicadas como el cristal más precioso, pero más fuertes que cualquier tipo de acero.
Un cuello que como una piscina de deseo se extiende y cautiva olfato tacto y vista, que se desmañan, que se convierten en dementes para poder tentar el fondo, para poder beber un sorbo, para poder saciar su sed.
Una cintura que guarda la sensualidad como la música y la poesía guardan los sentimientos.
Brazos cortos, delgados, que parecen poder quebrarse al mínimo contacto, pero capaces de soportar el peso del mundo mismo en ellos.
Y es que parece que mi pecho es tu hogar.
Que tu rostro y tu cuerpo son parte de mí.
Que mi mano ha sido creada simplemente para cubrir la tuya, para protegerla, para amarla.
Que tus piernas excitantes, seductoras y llenas de ritmo y movimiento descansan perfecto en mí.
Y es que un beso, un abrazo, una caricia, un te amo son capaces de hacer trizas un segundo, de hacer visible el tiempo y poder burlarnos, de dar sentido, de dar motivos.
Y en un vago intento, este seducido y alienado adorador de ti, intenta darte una noción de lo que eres, de lo que haces, de lo que provocas, con el simple deseo de que te enamores un poco mas de el...te amo
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