domingo, 24 de octubre de 2010

INFIERNO

Esta es una de las películas más violentas y con las imágenes más fuertes que he visto debo admitirlo, lo más triste es que a pesar de ser extremadamente violenta es la realidad.
A grandes rasgos puedo decir que esta película consiste en mostrar los ámbitos o círculos sociales en los que se deposita el poder en México.
Normalmente como es costumbre en las escuelas se nos dice que el poder del estado se divide en 3 poderes ejecutivo legislativo y judicial pero seamos honestos, eso es simplemente lo que se quiere ver o más bien como debería ser, durante esta película se mostraron los verdaderos 3 poderes que rigen al estado que son: narcotráfico, iglesia y funcionarios corruptos.
Debo aclarar que no generalizo pues es difícil afirmar algo así pero lo que sí puedo confirmar es que si no eres corrupto te corrompen y que México se ha convertido en una gran mafia en donde cada quien ve por si mismo
La traición y la falta de valores sumando a una necesidad económica son capases de causar asesinatos, delitos contra la salud, violencia y demás es triste ver como nuestros mismos paisanos se ven orillados a formar parte de esta mafia.
Pero de cierta manera creo que hay algo que hace al narcotráfico más fuerte que el mismo estado y esa es la fundamentación de valores en cada uno de sus miembros. Antes de trabajar se les hacia prometer lealtad, valor y completa obediencia, ¡sí! por supuesto mal enfocada, pero al fin y al cabo valores y principios que hacían del narcotráfico una mafia aun más fuerte y compacta. Cosa que no pasa en el estado pues cada funcionario no entra con mentalidad de lealtad obediencia y mucho menos valor hacia su patria, sino que entra con principios de buscar su bien propio.
Por último y como conclusión al final de la película la imagen de el obispo, el narcotraficante y los militares desde mi punto de vista muestras la clara y verdadera jerarquización de los poderes en México el narco al principio después la iglesia y el estado al final como subordinado y de rodillas.
Esto no es problema de unos, es problema de todos, comencemos a inculcar y ejercer valores reales y que las próximas generaciones de funcionarios tengan ¡valor! Para de verdad enfrentar el problema y no solo aparentar hacerlo.


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